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RETINOPATÍA DIABÉTICA

RETINOPATÍA DIABÉTICA
08/07/2016

La Diabetes es una enfermedad crónica que puede producir complicaciones oculares, con deterioro de la visión e incluso ceguera, de hecho, es la causa más frecuente de ceguera en nuestro medio (25% de los ciegos en España, lo son a causa de la diabetes).

Aproximadamente, entre un 40 a un 50% de las personas diabéticas padecen la manifestación ocular de la diabetes, la retinopatía más grave (retinopatía diabética proliferativa).

La detección precoz de estas complicaciones y su adecuado tratamiento previenen la ceguera, por lo que es fundamental que el paciente diabético mantenga un buen control metabólico de su enfermedad, y que realice visitas a su oftalmólogo con periodicidad.

¿QUÉ FACTORES INFLUYEN EN LA EVOLUCIÓN DE LA RETINOPATÍA DIABÉTICA?

La retina no se afecta por igual en todas las personas diabéticas. Esto depende de varios factores. Entre ellos cabe destacar:

·          Un buen contol metabólico de la enfermedad. Es fundamental que se mantenga un riguroso control de los niveles de glucosa en sangre, evitando especialmente los fuertes altibajos en dichos niveles. Un mal control de los niveles de glucosa favorece una peor evolución de la retinopatía.

·          El tiempo de evolución de la enfermedad, de forma que, a mayor tiempo de evolución, existe mayor riesgo de padecer una retinopatía diabética. Esto es especialmente importante, en los pacientes diabéticos juveniles.

·          La pubertad y el embarazo son episodios en los que se puede acelerar la progresión de la retinopatía diabética.

¿CUÁNTOS TIPOS DE RETINOPATÍA DIABÉTICA EXISTEN?

Hay dos formas importantes de afectación de la retina:

·          La Retinopatía diabética no proliferativa:

Es la forma más simple, la más leve y la más frecuente entre la población diabética.

Consiste en la aparición de hemorragias y acúmulos de líquidos en la retina, que es la capa noble del ojo, en la que se recogen las imágenes, que luego son transmitidas al cerebro, a través del nervio óptico, de ahí la posible aparición de visión borrosa, como síntoma inicial del proceso.

La mayor parte de los pacientes con éste tipo de retinopatía, no evolucionan nunca a la fase más grave, no obstante, aunque de pronóstico favorable, con el adecuado tratamiento, debe ser considerada como un signo de alarma, ya que puede progresar a las formas más severas y comprometer seriamente la visión.                          

·          La retinopatía diabética proliferativa: Es la forma más grave y avanzada. Se caracteriza por la formación de vasos nuevos en la retina de gran fragilidad, que condicionan la aparición de hemorragias intraoculares, desprendimientos de retina y aumento de la tensión ocular (glaucoma), que pueden ocasionar pérdida brusca de la visión e incluso ceguera.

¿AL SER DIABÉTICO, CUÁNDO DEBO ACUDIR AL OFTALMÓLOGO? 

En las etapas iniciales de la retinopatía no suelen existir síntomas, por lo que serán las revisiones anuales al oftalmólogo las que determinarán la actitud a adoptar, ya sea una actitud conservadora de exploración anual de sus fondos de ojo, ya sea, la indicación de realizar una angiografía con contraste intravenoso, par determinar el estado real circulatorio de sus retinas y determinar la indicación o no de tratamiento de fotocoagualación con láser.

Como regla general, todo paciente diabético, deberá revisarse en el oftalmólogo:

·          Cuando le diagnostiquen la diabetes.

·          Posteriormente, una vez, todos los años.

·          Si comienza a ver imágenes desenfocadas, torcidas o ve puntos negros (mosquitos).

·          Si la visión empeora de forma brusca.

¿CÓMO SE TRATA LA RETINOPATÍA DIABÉTICA? 

En estadíos iniciales y medios, en los que se determina la necesidad de tratamiento específico, el primer paso terapéutico, es la Fotocoagulación con láser, que consiste en aplicar impactos de láser a zonas enfermas de la retina. Consigue detener la evolución de la enfermedad en un 70% de los casos. Se trata de un tratamiento ambulatorio e indoloro, en la mayor parte de los casos.

En estadíos avanzados, cuando el anterior tratamiento no es eficaz, o no se ha llegado a tiempo como para prevenir complicaciones severas, se recurre a la cirugía. El pronóstico visual en estos casos, es generalmente peor, pero consigue frenar la evolución  hacia la ceguera total.

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